Caer hasta tocar el último fondo, desolado, hecho de un viejo silenciar y de figuras que dicen y repiten algo que me alude, no comprendo qué, nunca comprendo, nadie comprendería.
Esas figuras -dibujadas por mí en un muro- en un lugar de exibir la hermosa inmovilidad que antes era su privilegio, ahora danzan y cantan, pues han decidido cambiar de naturaleza (si la naturaleza existe, si el cambio, si la decisión...).
Por eso hay en mis noches voces en mis huesos, y también -y esto es lo que me hace dolerme- visiones de palabras escritas pero que se mueven, combaten, danzan, manan sangre, luego las miro andar con muletas, en harapos, corte de los milagros de a hasta z, alfabeto de miserias, alfabeto de crueldades... La que debió cantar se arquea de silencio, mientras en sus dedos se susurra, en su corazón se murmura, en su piel un lamento no cesa...
(Es preciso conocer este lugar de metamorfosis para comprender por qué me duelo de una manera tan complicada.)

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